Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente del autor.
Fuente
Edward Luce — The Retreat of Western Liberalism (2017) — Atlantic Monthly Press / Little, Brown
Introducción: La Conferencia en Moscú
Este artículo no es una recomendación. Es un diagnóstico — y las preguntas que se desprenden de él. Me apoyo en el trabajo de Edward Luce, columnista jefe de EE.UU. del Financial Times, cuyo libro de 2017 The Retreat of Western Liberalism tuve la suerte de que me firmara en 2019. No respaldo ni rechazo las conclusiones políticas de Luce. Tomo su observación central como una pieza de evidencia, y a partir de esa evidencia examino un principio que ha guiado la preservación de capital durante siglos: la diversificación entre jurisdicciones, no solo entre activos.
Edward Luce abre The Retreat of Western Liberalism con una escena. Tras la elección estadounidense de 2016, es invitado a una conferencia en Moscú sobre lo que los organizadores llaman el "orden mundial policéntrico" — que, como señala Luce, es el término ruso para un "mundo post-americano."
La imagen es deliberada. Casi tres décadas después de la caída del Muro de Berlín en 1989 — un momento que Occidente trató como el triunfo final de su modelo — los supuestos de aquella era estaban siendo cuestionados abiertamente, y no solo por adversarios. El argumento de Luce es que Occidente cometió un error profundo después de 1989: confundió el fin de una rivalidad con la permanencia de su propio sistema.
Para el inversor responsable de capital que debe durar a través de generaciones, esa observación no es una declaración política. Es una evaluación de riesgo.
I. El Diagnóstico: Complacencia Sobre la Durabilidad
La tesis central de Luce, repetida a lo largo del libro, es que la crisis del liberalismo occidental fue causada por tres actitudes: ignorancia de lo que costó construir la prosperidad occidental, arrogancia hacia los perdedores económicos de la globalización, y — lo más relevante para el propietario de capital — complacencia sobre la durabilidad del propio sistema.
Su lectura del momento posterior a 1989 es precisa. Francis Fukuyama había declarado célebremente "el fin de la historia" — la idea de que la democracia liberal representaba la forma final de gobierno humano, hacia la cual todas las sociedades convergerían inevitablemente. Luce argumenta que ese triunfalismo se convirtió en una forma de ceguera. Occidente dejó de preguntarse si sus instituciones necesitaban ser defendidas, porque asumió que su victoria era completa y permanente.
Los datos que Luce reúne para cuestionar ese supuesto son aleccionadores. Cita hallazgos de Freedom House según los cuales más países han restringido que ampliado la libertad en cada año desde 2008. Documenta el estancamiento de los ingresos de la clase media occidental a lo largo de una generación — el fenómeno capturado en el famoso "gráfico del elefante," que muestra que la globalización enriqueció a la élite global y a las clases medias emergentes de Asia, mientras que las clases trabajadoras y medias del mundo desarrollado vieron sus ingresos reales prácticamente estancarse.
"Las cifras del PIB insisten en que vamos bien, en un momento en que la mitad del país sufre recesiones personales." — Edward Luce, The Retreat of Western Liberalism, 2017 (traducción)
Se compartan o no las recetas de Luce, el diagnóstico es difícil de descartar: el supuesto de que cualquier sistema político y económico es permanente — que protegerá de forma fiable el capital, hará cumplir los contratos y mantendrá reglas estables indefinidamente — es un supuesto, no un hecho. Y la historia no ha sido amable con quienes lo trataron como un hecho.
II. El Principio: Diversificación Entre Jurisdicciones
De este diagnóstico se desprende un principio que precede a Luce por mucho y que es compartido por las tradiciones intelectuales que esta serie de investigación ha examinado: la preservación de capital a través de generaciones requiere diversificación no solo entre clases de activos, sino entre jurisdicciones, monedas y sistemas institucionales.
La lógica es directa. Un inversor que tiene acciones, bonos, inmuebles y efectivo — pero todo dentro de un solo país, denominado en una sola moneda, protegido por un solo sistema legal — no está diversificado en la forma que más importa para la preservación multigeneracional. Está diversificado contra el riesgo específico de cada activo, pero plenamente expuesto al riesgo jurisdiccional: el riesgo de que las reglas del propio sistema cambien de maneras que perjudiquen el valor o la accesibilidad de todo lo que se mantiene dentro de él.
Esto no es una hipótesis para el propietario de capital latinoamericano. Es la experiencia vivida de devaluaciones de moneda, controles de capital, regímenes fiscales repentinos y cambios constitucionales que han transferido repetidamente riqueza de los tenedores privados al Estado a lo largo de la historia moderna de la región. Pero la contribución de Luce es extender la advertencia aún más: si ni siquiera las democracias establecidas de Occidente pueden ya dar por sentada su propia estabilidad, entonces la concentración jurisdiccional es un riesgo para todos — no solo para quienes están en sistemas evidentemente frágiles.
III. La Evidencia Converge
Lo que da peso a este principio no es la opinión de un solo autor, sino la convergencia de tradiciones analíticas independientes sobre la misma conclusión.
Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, en su estudio de ocho siglos de crisis financieras, documentaron que el default serial, el colapso de divisas y la transferencia inflacionaria de riqueza no son anomalías sino características recurrentes de la historia económica — y que la creencia de que "esta vez es diferente" ha precedido a casi cada gran crisis registrada. Sus datos son el respaldo empírico del caso a favor de la diversificación jurisdiccional: el ciclo es estadísticamente predecible, aunque su momento exacto no lo sea.
Niall Ferguson, recorriendo cinco mil años de historia financiera, mostró que en cada período de turbulencia, el capital migró hacia las jurisdicciones con las instituciones más fiables — no hacia los activos más rentables. Daron Acemoglu y James Robinson demostraron que la calidad institucional de una jurisdicción es el factor más importante para determinar si la riqueza se preserva o se destruye dentro de ella. Y Luce añade la advertencia contemporánea: no asuma que la calidad institucional de ningún sistema, por establecido que esté, es fija.
Cuatro cuerpos de trabajo independientes — un periodista político, dos historiadores económicos, y un par de economistas institucionales — que llegan a una conclusión consistente desde direcciones distintas. Esa convergencia es lo que distingue un principio fundamentado en evidencia de una tesis de marketing fundamentada en el interés propio.
IV. Lo Que la Diversificación No Es
Vale la pena ser preciso sobre lo que este principio no implica, porque la distinción importa para una asesoría honesta.
La diversificación jurisdiccional no es una predicción de que algún país en particular vaya a fracasar, ni una afirmación de que algún país en particular sea excepcionalmente seguro. El propio Luce es explícito en que el retroceso del liberalismo es un fenómeno occidental — sus ejemplos incluyen el Brexit y la disfunción de las democracias establecidas, no solo la fragilidad de los estados emergentes. Usar su trabajo para argumentar que una sola jurisdicción es un refugio garantizado sería malinterpretarlo.
El principio es más modesto y más duradero que eso. Sostiene que ningún sistema único debería cargar con el peso entero del capital multigeneracional de una familia — porque ningún sistema único, por fuerte que sea hoy, puede garantizarse a lo largo de los horizontes temporales que la riqueza generacional debe sobrevivir. El objetivo no es encontrar la única jurisdicción perfecta. Es asegurar que ninguna jurisdicción única pueda causar un daño irreparable.
V. La Pregunta Práctica
Para el family office o el propietario de capital que lee esto, el principio se resuelve en una sola pregunta práctica: ¿está el capital estructurado para crecer, o estructurado para perdurar?
No son el mismo objetivo, y a menudo tiran en direcciones distintas. El capital estructurado puramente para crecer tiende a concentrarse — en los activos de mayor rendimiento, los mercados más dinámicos, la jurisdicción más familiar. El capital estructurado para perdurar acepta deliberadamente cierta dilución de los retornos máximos a cambio de resiliencia frente a los escenarios que destruyen la riqueza concentrada: la moneda que colapsa, las reglas que cambian, el sistema que resulta menos permanente de lo que sus beneficiarios asumieron.
No hay una sola respuesta correcta a esa pregunta — depende de las circunstancias de cada familia, su horizonte temporal y su tolerancia al riesgo. Pero es una pregunta que vale la pena habitar. Una parte del capital generacional, mantenida en una jurisdicción distinta, en un activo real, denominada en una moneda diferente, protegida por un marco institucional con un largo historial, es una expresión posible del principio de diversificación — no una apuesta contra el país de origen de la familia, sino una cobertura contra el supuesto de que un solo sistema es permanente. Si aplicarlo, y cómo, es una decisión que cada familia debe tomar en sus propios términos, idealmente con la evidencia y no el miedo como guía.
Conclusión: La Versión Honesta del Argumento
El caso honesto a favor de la diversificación no se apoya en el optimismo sobre un solo lugar. Se apoya en el realismo sobre todos ellos. El libro de Luce es incómodo precisamente porque rechaza el consuelo de asumir que el orden establecido se mantendrá simplemente porque se ha mantenido durante la memoria viva.
Esa incomodidad es el punto. El inversor que la internaliza no entra en pánico y no huye. Diversifica — deliberadamente, entre jurisdicciones, con la comprensión de que el capital que cruza generaciones nunca es el capital que lo apostó todo a que un solo sistema resultara permanente. Es el capital que se posicionó de modo que ningún sistema único pudiera jamás decidir su destino por sí solo.
Sobre el autor
Jaime Moreno es el fundador de Acacias Capital, firma independiente de asesoría en activos alternativos del Reino Unido para family offices e inversores de alto patrimonio de América Latina. Su marco analítico se formó en 13D Global Strategy & Research — fundada por Kiril Sokoloff, uno de los estrategas macro independientes más respetados del mundo. Con más de 20 años de experiencia institucional en EMEA y América Latina, ha asesorado mandatos relevantes de real estate en el Reino Unido para clientes internacionales. Contacto: info@acaciascapital.com | www.acaciascapital.com
Referencias
- • Edward Luce, The Retreat of Western Liberalism, Atlantic Monthly Press, 2017
- • Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, This Time Is Different, Princeton University Press, 2009
- • Niall Ferguson, The Ascent of Money, Penguin Press, 2008
- • Daron Acemoglu y James Robinson, Why Nations Fail, Crown Publishers, 2012
- • Freedom House, Freedom in the World (informes anuales, citados en Luce, 2017)
Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente del autor y tienen fines informativos y educativos. No constituyen asesoramiento financiero, legal ni de inversión. Las referencias al trabajo de Edward Luce y otros autores reflejan el análisis publicado por dichos autores y se presentan como diagnóstico, no como respaldo de ninguna posición política. Los lectores deben buscar asesoramiento profesional independiente antes de tomar cualquier decisión de inversión.